Volkswagen Golf 1.8i MKII

Das Auto.

Con el Golf MKII, Volkswagen quiso mejorar la fórmula del pequeño y exitoso utilitario que fue el MKI, para muchos ya inmejorable. Producido entre 1983 y 1991 y conocido como Tipo 19E hasta 1989 y posteriormente como Tipo 1G, el nuevo modelo crecía en todo, algo que saltaba a la vista: distancia entre ejes 75 mm mayor, 180 mm más largo en longitud total, 55 mm más ancho y 8 mm más alto. Obviamente su peso también aumentó notablemente en 120 kg. Solo con esto el Golf conseguía mucho más empaque para los estándares de la época con respecto a su predecesor y a otros rivales coetáneos. Aún así sus formas algo más redondeadas y con menos ángulos rectos seguían recordando al diseño de Giugiaro en el MK1, pero diseñado por el departamento interno de VW.

En la parte mecánica también hubo cambios significativos y se incluyeron cajas de cambio de 5 marchas en casi todas las versiones, frenos ABS e incluso variantes con tracción a las 4 ruedas. Las potencias en motorizaciones de gasolina iban desde los 55 CV y 1.3L a los 210 CV y 1.8L.

Como dato curioso y para hacerse eco del éxito del modelo en general y de la versión GTI en particular diremos que los 628.000 GTI MKII producidos son un 36% más que el GTI MKI, el doble que el GTI MKIII y cuatro veces más que el GTI MKIV.

Si algo caracterizó al Golf MKII además de su popularidad e incuestionable calidad fueron sus ediciones especiales. A los motores 1800 cc de los archiconocidos GTI de 112 CV  8 válvulas y posteriormente 139 CV en su versión 16V (más tarde las versiones catalizadas disminuirían su potencia) hay que sumarle derivaciones más picantes si cabe. El Golf GTI G60, que gracias a un supercharger tipo G lograba rendir 160 CV, es una de ellas.

Las ediciones con tracción a las cuatro ruedas son las más buscadas. El primero fue el Golf Syncro, del que se sacaron 90 CV en un principio y 98 CV después durante su producción de 26.000 unidades entre el año ’86 a ’89. El Golf Country era el hermano mayor del Syncro. Fabricado entre 1990 y 1991, fue concebido para un uso off-road. En un principio fue presentado como un simple ensayo, un concept, pero después la fuerte demanda de compradores que llegaba a Volkswagen para hacerse con uno de estos hizo que comenzara su producción. Se diferenciaba del resto por una suspensión sobre-elevada, barras de protección delante y detrás, faros auxiliares y un neumático de repuesto expuesto fuera, en el portón trasero, lo que era de todo menos práctico, ya que para abrir el maletero era necesario primero abatir el soporte donde va anclada. Su motor ahora daba 114 CV en su versión gasolina, pero se ofertaba también un motor Turbo Diesel de 75 CV. En total se construyeron 7.735 ejemplares.

El Golf Rallye causó verdadera sensación. Se fabricaron 5.000 unidades para homologarlo para correr en el Campeonato del Mundo de Rallyes como Grupo A, donde la marca ya había probado suerte antes con el GTI. Estéticamente era muy llamativo, con unos pasos de rueda más anchos y faros rectangulares. Al motor que empujaba el sistema 4×4 Syncro se le añadía el compresor del G60 para de nuevo obtener 160 CV. Lo cierto es que en lo deportivo no obtuvo los resultados esperados a pesar de conseguir algún podium, con una competencia bastante más poderosa con motores turbo más sofisticados y sistemas de tracción integral mucho más propicios para los terrenos por donde transcurría el campeonato.

Pero si hablamos de exclusividad, la palma se la lleva el VW Golf G60 Limited de 1989. Es el más buscado de todos, además del más difícil de conseguir, por no decir que es casi imposible. Solo 71 unidades producidas por VW Motorsport que fueron principalmente vendidas entre directivos y ejecutivos de la marca. Montaba el motor del Golf GTI 16V con supercharger G60 y el sistema de tracción Syncro y producía nada menos que 210 CV y 252 Nm para poder acelerar de 0 a 100 km/h en 7,2 segundos, impresionante para la época en la que se vendió, de hecho fue el Golf más rápido producido hasta la llegada del Golf R32 MKIV. Estaban pintados únicamente en Gunmetal Grey pero además se diferenciaban del resto por unas llantas BBS en 15″, una parrilla monofaro con marco azul, emblemas en negro, anagramas Motorsport, luces traseras ahumadas y una placa identificativa numerada. Solo se fabricó con carrocería de 5 puertas, pero se dice que existen dos unidades de 3 puertas.

El Volkswagen Golf 1.8i MKII

Está claro que después de todo lo dicho hasta ahora, dando un repaso a todas las versiones “buenas” del MKII, puede parecer que hablar de un Golf a secas, normal y sin ningún aliciente que lo haga especial a simple vista no valga la pena, pero no es así y expondremos por que.

Lo que uno hace sin querer cuando se sube a un Golf MKII es compararlo con modelos de otras marcas de la misma generación, algo totalmente normal debido a su condición de coche popular y éxito de ventas. En esas comparaciones que siempre atenderán a diferentes gustos, con toda probabilidad todas coincidirán en un punto, que es la innegable calidad con la que estaba construido. No se trata de un menosprecio hacia otros coches del mismo segmento de otras marcas como los Ford Escort, Renault 11 o Opel Kadett por poner unos ejemplos, sino de apreciar que en algunos apartados el Golf parecía jugar en otra liga: acabados, habitabilidad, materiales, confort de marcha, etc.

Los plásticos, tanto los que envuelven la carrocería como los del interior y que tantas veces soportan mal el paso del tiempo en estos coches, son un ejemplo de lo bien que pueden envejecer en un coche bien mantenido, sin un maltrato excesivo y conservado de estricta serie. Los tapizados del techo y las puertas deberían de haber servido de espejo para esos coches que con el simple paso de los años ya no se aguantan, se pelan o pudren. Los asientos delanteros son casi de mención aparte ya que su diseño roza la perfección siendo cómodos e incluso aptos para una conducción semi-deportiva (recordemos que este no es un Golf para hacer tiempos), aunque la postura de conducción no sea la más adecuada por la altura a la que vamos sentados.

Es un cinco puertas y eso le resta enteros sobre todo en estética, y no solo a este modelo sino a casi cualquier hatchback, pero por otra parte gana en practicidad, que no es otra cosa por la que se le añaden esas dos puertas de más, y que junto a un maletero más que capaz hacen de él un coche del que se oyen muy pocas quejas para un uso diario.

A todo esto hay que añadirle que mecánicamente este coche se ha ganado la simpatía de muchos, y sin tener en cuenta el GTI. De su motor de 1.8L, 8 válvulas e inyección monopunto se extraen 90 CV, los mismos que la versión a carburador y sin catalizar aunque con algo menos de par, y resultan ser muy adecuados y elásticos incluso para los estándares de hoy en día. Está claro que todo ayuda y con un peso bastante inferior a los 1000 Kg el Golf se siente más ágil que casi cualquier otro coche moderno, además de poner su grano de arena en contener un consumo combinado que según VW está entre los 6,5 – 7,0 L/100 km.

Por lo visto es casi el coche perfecto, aún así algún defecto le hemos encontrado. En el apartado de suspensiones, por ejemplo, no es que brille demasiado, posiblemente debido a su relativamente voluminosa carrocería que oscila demasiado con unos amortiguadores un poco blandos que hacen que el conjunto balancee bastante a la salida de curvas rápidas si se abordan con cierto ímpetu. Creemos que unas ruedas algo más anchas ayudarían un poco en este caso. Si, es verdad, para ir como un rayo ya están las versiones deportivas, pero al verlo de frente, con su parrilla de cuatro faros, sus luces antiniebla y su splitter delantero a uno le entran ganas de emular a sus hermanos mayores.

Por Elías Vicens