Maserati 420 SI (Biturbo)

Los tridentes pinchan

No necesitas un Maserati, no te hace falta. No lo necesitas, pero lo quieres. No te gustan los Maserati, pero quieres uno. No te gustan nada los Maserati, pero abre la puerta de tu garaje y di: “es que no me gusta, este coche es un problema”, y quién haya a tu lado te preguntará: “¿que no te gusta? ¿el Maserati?”. Ya está, ya lo ha dicho: MA-SE-RA-TI. A uno se le llena la boca al pronunciarlo. “Tengo un Maserati”. Repítelo. Ya ha valido la pena tener uno.

No necesitabas ser muy rico para comprar un Maserati Biturbo en la época, solo un poco, por menos de siete millones de pesetas tenías uno, lo que vienen a ser hoy unos 40.000€. Habían Audis más caros. Ahora bien, mantener este coche era otro cantar, algo que cualquier aficionado al mundo del motor debería saber.

La historia nos dice que de la plataforma del Biturbo original salieron 11 modelos distintos (fabricados entre 1981 y 1994), y que con las versiones derivadas de cada uno en coupé y cuatro puertas suman en total 42. Todas ellas con cilindradas que van desde los 2.0 a 2.8 litros portando un V6 y dos turbos, como bien su nombre indica, y yendo desde los 180 CV a carburador del primero que vio la luz hasta los 285 CV del Racing. Si exceptuamos los primeros modelos puestos a la venta en sus primeros años, encontramos que la familia Biturbo es bastante exclusiva, con ediciones muy limitadas, llevándose la palma el 4.18v, con sólo 77 unidades producidas únicamente para el mercado italiano, o el Spyder i 2500, con 122 unidades. Como dato curioso hay que destacar que entre 1990 y 1994 los únicos Maserati a la venta fueron los Biturbo.

El diseño de este coche corrió a cargo de Pierangelo Andreani. jefe del “Centro Stile Maserati” fuertemente inspirado en el Quattroporte III de Giugiaro, y a su vez la última versión del Biturbo de cuatro puertas, el 430, sirvió de preludio e inspiración del Quattroporte IV. Todo un ejemplo de herencia.

Cuando Alejandro de Tomaso adquirió Maserati en 1976, sus planes para este modelo era el crear un automóvil alcanzable económicamente para un mayor rango de bolsillos pero sin dejar a un lado el aura de lujo y competición que siempre había caracterizado a la marca, de ahí que el Biturbo sea conocido popularmente como “el Maserati de los pobres“, ridículamente barato para ser un Maserati… No le debió de salir muy bien esta fórmula a De Tomaso, ya que la prensa de la época apuntaba que era una de las peores compras que se podían realizar en el momento y la revista Time lo eligió “peor coche del año 1984”. Pero todo esto no hacía más que aumentar su popularidad hasta día de hoy, sin lugar a dudas.

Tampoco en competición le fueron muy bien las cosas a pesar del conocido pedigrí de la marca en este sector, con mediocres y malas actuaciones en el prestigioso campeonato británico de turismos BTCC y en el campeonato de Europa, lo que vendría a ser hoy el WTCC.

El Maserati 420 SI

Ya hemos hablado de su exclusividad, y nuestro 420 SI no se queda corto: sólo 523 coches producidos entre 1986 y 1988 exclusivamente para el mercado italiano. Nuestro modelo fue matriculado por primera vez en Abril de 1988 y en su marcador aparecen menos de 119.000 kilómetros. No pretendemos decir que al coche le han sentado bien los años (aunque nuestro juicio estéticamente nunca pasará de moda, como un Delta Integrale) y el trato recibido, algo apreciable en su interior y en esos puntos de óxido que casi siempre encontraremos en este tipo de coches. Aún así, abrir la puerta del piloto y sentarte a los mandos es algo especial. Hay calidad, se mire por dónde se mire: acabados, tapizados, relojes, información, tacto, etc. No se esperaba menos, pero hay que mantenerlo: el barniz y plásticos que protegen los revestimientos de madera empiezan a saltar, algunos botones no funcionan, el tapizado color crema está sucio del desgaste en algún punto, en definitiva, muy Maserati.

Pero sinceramente, más que en su interior y otros lujos, estamos interesados en sus prestaciones. Ojalá este coche viniera con barras antivuelco, bacquets y arneses de serie. 2000 cc, 223 CV, 261 Nm, dos turbos y tracción trasera no son una tontería, y menos en los años 80, cuando aún contaban mucho más las manos del piloto. No es para nada perezoso y la patada que otorga el Biturbo sigue intacta y se precisa un poco de esas manos para llevar el coche rápido, en parte debido a su poco afinada dirección, dando la sensación en ocasiones que el coche flota. Además el cambio manual de 5 marchas con la 1ª hacia atrás hace que todos nuestros sentidos deban estar aún más si cabe en lo que estamos haciendo. Sus 1270 kg de peso no son un alarde de ligereza, aunque tampoco son una exageración tratándose de un coche de lujo, pero en todo caso no se trata de un coche ágil en curvas. En rectas es otra cosa; de 0 a 100 km/h en 6,2 segundos según Maserati y una velocidad máxima de 228 km/h. Quién pudiera encontrar este V6 en un coche de menos de 1000 kg por el precio que se paga por esto hoy en día…

Sus líneas rectas y limpias esconden lo que verdaderamente lleva este coche bajo su piel. Llama poderosamente la atención y estéticamente es un acierto a nuestro juicio, casi más que la versión coupé. No es solo una berlina de lujo en la que viajar cómodamente, es casi un coche de carreras con sofás y cortinas, le falta el mini bar. Tómatelo en serio. Sus dos entradas en el capó, sus cuatro salidas de escape y sobre todo su sonido lo delatan como lo que verdaderamente es; Un problema. Un Maserati. Lo quieres.

Por Elías Vicens