Ford Escort XR3i Proto [Maroc Challenge]

Ford Escort XR3i Proto

¿A quién en su sano juicio se le ocurre ir al desierto con un coche de tracción simple? Pues a nosotros. En nuestra defensa diremos que no somos los únicos locos con tal idea; anualmente se organizan dos carreras por las más duras pistas de Marruecos, la Maroc Challenge. Sus dos ediciones, Spring Edition y Winter Edition, tienen lugar, como bien su nombre indica, en primavera e invierno, las dos igualmente duras. Además del espíritu aventurero y de compañerismo que se respira en ellas, atrae mucho el echo de que se dispute con coches de todo tipo: utilitarios, berlinas, camionetas… da igual con que, aunque también tienen cabida los 4X4, cosa que sinceramente no nos atraía demasiado. El verdadero reto era disputar la carrera con un coche de calle que no estuviera preparado para afrontar pedregales, dunas o pasos de ríos, de eso ya nos encargaríamos nosotros.

Elegir un coche

Eso fue fácil. El Escort era el coche que utilizaba diariamente Elías Vicens, además de hacer las labores de recce car, o lo que es lo mismo, el coche de reconocimientos que utilizaba antes de cada rally que disputaba, pasando por los tramos cronometrados para coger las notas del copiloto, por lo que se puede decir que no tuvo una vida tranquila. Tan poco tranquila que un buen día el motor dijo basta, quedando apartado en un rincón sin saber que hacer con él hasta que apareció la idea de ir a la Maroc Challenge con Ben Jansen.

Se instaló un motor en condiciones, un CVH de 1600 cc y 8 válvulas que rendía 108 CV, el mismo que de serie. En un principio se contempló la posibilidad de instalar un motor de RS Turbo, pero buscando la fiabilidad, algo muy importante en una carrera como la que se iba a disputar, finalmente la idea quedó a un lado. Así pues, después de la instalación y de una mínima puesta a punto el coche pasó la ITV sin ningún tipo de problema. Esa misma tarde el Escort empezó a ser desmontado.

La preparación

Comenzaba la ardua tarea de preparar el coche para aguantar unas condiciones para las que no había sido pensado. El mayor quebradero de cabeza vino al intentar ganar altura libre al suelo, que a juicio de muchos era la mejora más importante que se le debe hacer a un turismo antes de ir a África. No bastaba con poner unos muelles más largos, ya que el comportamiento del coche pasaba a ser bastante peligroso, sobre todo en asfalto en cuanto se sobrepasaba cierta velocidad, y teníamos que hacer casi 400 km para embarcar en el ferry que nos llevaría a Marruecos… Así que como buenamente se pudo se modificó parte de la geometría de las suspensiones, recorridos y anclajes, ganando esa altura que además vino muy bien para dar cabida a los nuevos neumáticos Insa Turbo Dakar, con un perfil más propio del de un todo terreno al uso que el de cualquier coche normal de calle, como era nuestro caso.

Otras de las modificaciones que se tuvieron en cuenta fueron la instalación de un cubrecárter de aluminio, la fabricación de unas barras antivuelco en la parte trasera del habitáculo, que además de aportar seguridad también mejoraría la rigidez del conjunto, una toma de aire tipo snorkel para los pasos de río, faros supletorios tanto delante (de serie) como en el techo, la elevación de la parte final del escape, bacquets y arneses, cajas de herramientas en la parte trasera que mejoraría el reparto de pesos, radio de largo alcance y una baca donde albergar ruedas de repuesto, bidones de gasolina, palas para la arena, planchas para los neumáticos, etc. Pero pese a todo esto y que fueron horas, días y meses de trabajo siempre se tuvo la sensación de que faltaba algo y que nunca llegó a estar del todo preparado.

Partimos

Por fin llegó el día en que teníamos que partir hacia el norte de África, y a pesar de que sólo dos días antes se tuvo que cambiar el portón trasero por uno de un desguace porque habíamos roto la luneta por culpa de la gran antena en unas pruebas (de ahí el maletero en color blanco), los ánimos eran enormes. No obstante yendo por carretera hacia Jumilla donde se celebraría la salida oficial del rally nos dimos cuenta de que algo no andaba bien: la sobrecarga de peso por las herramientas, repuestos, sacos de dormir, tiendas de campaña, maletas y comida hacía que muchas veces las enormes ruedas rozaran los pasos de rueda y carrocería, lo cual era un problema, problema que arrastraríamos durante casi toda la prueba. Tampoco ayudó mucho el echo de que la Guardia Civil nos hiciera parar en plena autovía para preguntarnos a donde nos dirigíamos y con que intenciones, a lo que respondiendo con total sinceridad y para nuestra sorpresa, nos dejaron marchar sin ninguna pega. Epic win.

En Marruecos

Bajando del barco en el puerto de Nador nos esperaba el primer briefing con todos los participantes y seguidamente una primera etapa, ya bastante larga, que nos serviría de primer contacto con el país y con lo que nuestro querido Escort sería capaz de hacer. No defraudó lo más mínimo. El coche era capaz de tragarse todo o casi todo lo que se le pusiera por delante, sorprendiéndonos a nosotros mismos y a otros participantes, que en alguna ocasión, asombrados, se agachaban por la parte trasera del vehículo para ver si realmente era algún prototipo 4×4. A pesar de ello, la primera noche dormimos poco, vimos los primeros fallos reales del coche y teníamos que solucionarlos. Los neumáticos rozando por todos los lados era uno de esos problemas a solucionar. Cogimos la herramienta española (una maza) y abrimos todos los puntos de contacto entre las ruedas y la carrocería. Problema solucionado.

No nos vamos a atrever a decir que teníamos la máquina definitiva, ni mucho menos, al coche le faltaban muchas cosas para ser una buena arma para el desierto. A pesar de que al final de cada jornada se revisaban todas las partes y componentes que a nuestro juicio eran las más débiles o que debíamos prestarles más atención y cuidado, el coche sufría. Era una realidad. Durante los 6 días de rally rompimos palieres, soportes y otras piezas, pero nada nos frenó hasta conseguir la ansiada meta, aunque en ocasiones, pocas, tuviéramos que contar con la ayuda de algún amigo para salir de zonas especialmente difíciles. También cabe destacar la gran amabilidad y ayuda que prestaban los marroquíes cuando la pedíamos, contando en ocasiones con un gran arsenal de recambios e ideas que hacían que pudiéramos seguir otro día más.

Las sensaciones que tuvimos al volver a casa fueron varias: euforia por una parte, nostalgia por otra, pero sobre todo nos invadía una sensación de satisfacción. El trasto que un día había servido para ir a la universidad, salir de fiesta o ir a comprar pan lo había logrado, estaba de vuelta sano y salvo. Bueno, sano y salvo entre comillas. Entre otras cosas el coche tenía una infinidad de golpes y el polvo africano se había adueñado del interior por completo, además los amortiguadores habían pasado a ser una simple unión entre las ruedas y el chasis. Estaban prácticamente inservibles. Pero ahí estaba el XR3i. Giramos la llave del contacto para pararlo y nos fuimos a por unas birras hablando de cuál sería su próximo destino. De momento, aun descansa.

Por Elías Vicens