Audi TT 1.8T quattro 225

Tourist Trophy

Tourist Trophy, es a lo que hacen mención las siglas TT en honor a los logros obtenidos a principio y mitad del siglo pasado por NSU en la famosa carrera de motos de la Isla de Man, marca que más tarde se fusionaría con DKW y que daría paso a lo que hoy conocemos como AUDI. El Concept Car de lo que sería en el futuro el Audi TT fue presentado en el Salón de Frankfurt de 1995 bajo la designación interna de proyecto Typ 8N. Se trataba de un coupé 2+2, un concepto de coche que aún no había sido explotado por la marca de Ingolstadt hasta la fecha, y con un atractivo diseño trazado en casa por el Volkswagen Group Desing Center en California, que hacía pensar por sus formas redondeadas y estilizada carrocería que podía tratarse de una revolución en términos aerodinámicos, pero que realmente no era así debido a su relativamente alto coeficiente de 0,35.

El diseño final que se vería por las calles no difería demasiado de aquel prototipo, y aunque se aprecia un nuevo diseño de las salidas de escape y paragolpes y la inserción de las pequeñas ventanas detrás de las puertas, sus líneas maestras seguían intactas. Tanto su interior como exterior basaba su estilo en la utilización de piezas decorativas con acabado de aluminio, elemento que sin duda es una de las señas de identidad en las tres generaciones del modelo puestas a la venta en el mercado hasta ahora.

El producto final se puso a la venta en formato coupé en septiembre de 1998 y en roadster en agosto del año siguiente. Estos primeros modelos únicamente contaron con mecánicas de 4 cilindros, 1.8L y 20 válvulas con turbo que desarrollaban 180 CV, tanto en sus versiones de tracción delantera como 4X4. Más tarde se ofertó la versión de 225 CV solo para el quattro, que no alteraba su cilindrada pero añadía un turbo más grande, dos intercooler (uno a cada extremo del parachoques), bielas forjadas y salida de escape doble. Evidentemente el público pedía más, en la onda de lo que hoy día oferta Audi en cuanto a caballería, exagerada en ocasiones.

Las tres generaciones del Audi TT (1ª gen. 1998-2006, 2ª gen. 2007-2014, 3ª gen. 2014- presente)

 

Como es tradición en un coche de este talante y por prestigio de marca, salieron a la venta ciertos modelos exclusivos y de especial mención. Llama mucho la atención que uno de esos modelos fuera lanzado exclusivamente para el mercado español: el Audi TT Le Mans. Era básicamente un TT quattro de 225 CV limitado a 100 unidades que añadía ciertos retoques en la suspensión y altura para mejorar ligeramente la aceleración y velocidad punta, además de incorporar faros de xenón, mejor equipo de sonido y una plaquita en el interior para enumerar el número de serie. Pero donde realmente se diferenciaba de los demás era en el apartado estético, con un color de carrocería específico Rojo Tornado acorde con los tapizados del interior del coche, de muy dudoso gusto. Fue lanzado en 2001, en pleno boom del “tuning a la española”, quizás algo tuvo que ver.

Pero si no cerramos las fronteras nos podemos topar con otras ediciones mucho más jugosas, como es el caso del TT 3.2 VR6 de 250 CV lanzado en 2003 o el que puede ser el más deseado de todos, el TT quattro Sport de 240 CV, poniendo de manifiesto los logros de Audi en el DTM, siendo una versión aligerada con un interior muy racing capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 5,9 segundos y alcanzar una velocidad máxima de 250 km/h. Fue puesto a la venta justo antes del cese de producción de esta primera generación.

El Audi TT 1.8T quattro 225

No es un coche con el que pasar desapercibido por fortuna y a diferencia de la mayoría de modelos de la marca. Es atractivo y aunque las calles están ciertamente plagadas de Audi TT, uno tiene la sensación de estar al volante de algo diferente, porque al final, para que engañarnos, si tienes este coche, además de quererlo por su alto rendimiento lo quieres por su estética. Eso no es malo, para nada, ya que fue concebido para entrar por los ojos. Así que si te gusta por sus formas únicamente, te complacerá saber aunque no te importe, que el TT es mucho más que una cara bonita.

De su motor 1800 cc turbo se han extraído 225 CV y 280 Nm transmitidos al suelo por una caja de cambios de 6 velocidades muy bien escalonadas, que conectada al sistema de tracción quattro hace las delicias de cualquier buen aficionado a una conducción deportiva, pero que casi no significará nada par el que no lo es. Esto tampoco es malo. El que quiera correr está de suerte y el que quiera moverse tranquilamente con él sin preocuparse por inercias inesperadas o latigazos propios de un 4×4 también.

Centrémonos un momento en los que sí quieren correr. Debes saber que es algo perezoso en bajos, pero cuando el Sr. Turbo viene a verte primero saluda con ímpetu y luego se queda un rato a ver que tal te va, silbando de vez en cuando para que te acuerdes de que aún no se ha ido. No es precisamente el coche más ágil, pero si algo nervioso en cambios rápidos de dirección a cierta velocidad debido a su corta distancia entre ejes, aún pesando 1515 kg. Los datos oficiales en cuanto a aceleración y velocidad máxima son de 6,9 segundos de 0 a 100 km/h y una punta de 237 km/h, justamente lo que querías, correr mucho en rectas. No es su hábitat natural, pero tampoco está manco en carreteras de montaña, si acaso se le encuentra algo torpe a la hora afrontar curvas enlazadas o más cerradas (su peso no ayuda), y su palanca de cambio no es muy precisa. No nos equivoquemos, es un deportivo puro y duro, pero las carreteras amplias con curvas largas y de amplia trazada le sientan mucho mejor.

En el interior del coche, aunque muy bien resuelto por la posición de sus mandos y accionamiento de diversos elementos como los aireadores, la sensación claustrofóbica es moderada, no así las plazas traseras, sin prácticamente ningún uso, a no ser que sean utilizadas por un niño de 5 años, ya que difícilmente un adulto podrá acceder y acomodarse. Pero ese es justamente el encanto de un 2+2, muy poca practicidad y mucho caché. A parte de esto todo lo demás es bastante destacable en un interior colorido acorde al color de la carrocería: suficiente espacio para las piernas en las plazas delanteras, asientos que recogen bien el cuerpo, tapicería de piel, esos acabados en aluminio tan característicos y hasta un maletero que sorprende por su capacidad si se tiene en cuenta el coche que es.

Girar la llave de un TT para arrancarlo es satisfactorio. Su sonido impone y te hace saber que no es un motorcito lo que hay bajo el capó. Puede que su éxito resida en que no es ni muy radical ni muy moderado. Sirve para ir a comprar pan, pero también sería útil en reparto urgente de barras baguette. Podrías ir a la Isla de Man a ver una carrera, o incluso correrla…

 

Por Elías Vicens