Audi 80 2.6 V6 quattro

quattro, por los cuatro costados

Decir que el Audi 80 ha sido un modelo de éxito para la firma alemana no es mentir. Su primer y segundo puesto como Coche del Año en Europa en 1973 y 1987 respectivamente así lo demuestra. Su producción abarca los años comprendidos entre 1972 y 1995 en sus cuatro generaciones con denominación B1 (1972-1978), B2 (1978-1986), B3 (1986-1991) y B4 (1991-1995) y gozaron de una gran aceptación por parte de la clase media, que veía como era posible adquirir una berlina de cierto lujo sin tener que ir a parar al alto standing de BMW o Mercedes, si bien también se ofertó el Audi 90, que no era otra cosa que un 80 de alta gama plagado de extras.

A pesar de su parecido con respecto al B3, el B4 (el modelo que hoy nos atañe) conserva sus lineas maestras pero se rediseña una nueva calandra, que ahora se junta con el capó, los paragolpes de nueva factura pasan a ser pintados del color de la carrocería, crece la distancia entre ejes y aumentan los pasos de rueda para albergar las llantas de 15 pulgadas de serie. Además, el interior es de mayor calidad. A todo esto hay que sumarle que se ofertan cuatro variantes: las berlina, Avant, Coupé y Cabrio, por lo que la variedad está servida.

Sus motorizaciones tampoco están exentas de cambios, pues salen al mercado versiones de 4 cilindros en línea diésel 1.9 TDI de 90 CV y el 1.8 de gasolina es sustituido por el 2.0E de 115 CV. Pero lo realmente jugoso estaba en los 2.2 litros, 5 cilindros en linea y los V6 en sus versiones de 2.6 y 2.8 litros. Hoy en día las más buscadas son las todopoderas versiones que Audi fabricó en colaboración con Porsche, el RS2 Avant, siendo el vehículo familiar más rápido del momento con 315 CV y tracción a las cuatro ruedas, un misil. Pero si rizamos el rizo podríamos decir que la edición limitada a 2500 unidades para homologar el 80 en la Super Tourenwagen Cup alemana del 2.0E 16 válvulas quattro de 140 CV, el Audi Competition, es un valor en alza que empieza a buscarse hasta debajo de las piedras. No tan excitante como un RS2, ni tan caro, pero que puede llegar a satisfacer de igual manera a quien lo posea.

El Audi 80 2.6 V6 quattro

Este modelo en particular saca unos muy jugosos 150 CV y 225 Nm extraídos de los 2598 cc de su seis cilindros en V. Su tracción quattro ayuda a parar el crono en 9,3 segundos de 0 a 100 km/h moviendo una masa total de 1400 kg, según cifras oficiales. La verdad es que estamos hablando de un coche pesado para la época, pero totalmente justificable debido a su condición de 4×4. Su comportamiento es el típico de un coche alemán, es decir, en largos viajes por autopista, autovía o carreteras anchas es donde encontramos verdaderamente para que fue concebido este Audi con su andar cómodo, silencioso, una relación de cambio larga y con caballería y par más que suficientes. Un rutero en toda regla.

Pero no nos equivoquemos. Si le hemos puesto faros cuneteros y faldillas es por algo. Sorprende que en carreteras secundarias, estrechas y con muchas curvas se comporte casi tan bien como coches destinados a subir y bajar puertos de montaña. Su sistema de tracción quattro, con un muy buen reparto de pesos, le ayuda a meterse en apoyo y realizar cambios de giro bruscos eficazmente. Obedece cuando apuntamos con el volante al vértice de una curva y apenas notamos esa tan acusada tendencia al subviraje que suelen tener los coches de tracción total, aunque puede que con más potencia si la notáramos. Como es lógico, su cambio de marchas de coche de autobahn no se siente muy a gusto en este tipo de carreteras tan serpenteadas, pero no es un problema a destacar. Quizás sus frenos, de buena mordida y más que suficientes en cualquier otro uso, acusen el hecho de no ser los mejores en una conducción tan deportiva.

Se aprecia sin mucho esfuerzo que el Audi 80 es un automóvil con robustez y calidad de construcción. En su interior, de agradable diseño y gran luminosidad gracias a sus generosas ventanas y techo solar eléctrico, vemos que los años no pasan para él y que no queda desfasado, como si pasa en otros modelos del mismo segmento de la época e incluso más nuevos. El puesto de conducción es óptimo, siendo todos los mandos fácilmente alcanzables, aunque el volante no sea del todo regulable, no así el asiento del conductor, con múltiples reglajes.

La amplitud y comodidad de los asientos traseros es realmente buena, y la capacidad de carga del maletero es verdaderamente profunda, como toda berlina de tres volúmenes. Como cualquier alemán querría, aunque en la época era opcional, cuenta con aire acondicionado y regulador eléctrico de espejos, además de con dirección asistida. Con lo único que no cuenta es con elevalunas eléctricos. Da igual. Más racing.

Tenemos pues, como hemos visto, un coche que no ha acabado todavía su servicio en carretera. Le queda cuerda para rato. Le hemos querido dar un toque diferente que en su día no tuvo. No es que tuviera una identidad frustrada, solo que tenia dos caras, una de ellas oculta. Recordemos que Audi forjó su sistema quattro en rallyes en los años 80 y a nuestro entender este coche es un reflejo de ello, con sus más y sus menos, con sus cosas buenas y sus no tan buenas. Hay modelos de la firma más carismáticos que este, sí, y aun sigue siendo fácil ver Audi 80 por las carreteras, pero saber que las características de este coche provienen en parte del duro trabajo y la firme apuesta en competición y que todo ello fue trasladado al mundo real, cambiando la forma de ver y conducir un turismo de uso cotidiano, es un plus. Hablen sino con Walter Röhrl, y si no contesta pregunten por Michele Mouton.

Por Elías Vicens